Joker: la locura de ser feliz

Cuando Warner anunció Joker, en pleno desastre de crítica y público a sus grandes estrenos de superhéroes de DC, casi nadie apostaba por una película en solitario del payaso sin la figura de Batman. Pero tenían un as en la manga, una carta que haría ganar la partida… Joaquin Phoenix.

Joker es Phoenix y no al revés. Uno de los grandes actores de su generación, con grandes interpretaciones en películas como Gladiator, The Master o Her, hace suyo al gran villano de los cómics de una forma deprimente, caótica y aterradora.

Y la sorpresa de esta película no viene precisamente de su protagonista, sino del director de Resacón en Las Vegas. Todd Phillips pasa de la comedia pura y dura para hacer reír, a una deconstrucción de la comedia en su versión más incómoda y desagradable.

Joker quiere mostrar cómo trata la sociedad a las personas que sufren una enfermedad mental. Su protagonista, Arthur Fleck, se ríe de forma incontenible en momentos inoportunos. Esto provoca que la gente no comprenda su problema, recibiendo desprecio, palizas y perdiendo grandes oportunidades de mejorar su vida.

La sociedad en la que vive Arthur está pasando por momentos convulsos a causa de la pobreza. Gotham, retratada como lo hacía Christopher Nolan en su trilogía de El Caballero Oscuro, es un hervidero a punto de estallar contra las clases acomodadas de la ciudad en busca de un cambio social. Solo hace falta un detonante.

En este contexto, Joker nos muestra el proceso de descenso a los infiernos de Arthur desde un punto de vista mental. Es cierto que se pone sobre la mesa el maltrato al que es sometido por parte de la gente al no ser entendido tal y como es, pero no son ellos el verdadero empujón que lleva al protagonista a convertirse en el payaso, sino su propia enfermedad depresiva, cómo se ve a él mismo y al mundo que le rodea.

Phoenix aparece prácticamente en cada fotograma. Él y la trama consiguen que nos adentremos totalmente en su mente. Su aspecto físico demacrado, sus gestos teatrales y sus miradas, totalmente terroríficas en muchos instantes, consiguen que se nos hiele la sangre. Su interpretación es portentosa tanto en los momentos entrañables… cuando intenta hacer reír a los demás o en la intimidad con su madre, hasta en los momentos cumbre de violencia y locura desatada.

Porque Joker lleva la locura al extremo como pocas veces se ha visto en cine. Phillips mezcla el dramatismo con la comedia de una forma incómoda, que provoca en el espectador una extraña sensación de estar riéndose de algo que sabe que no es agradable, que no está bien, esa misma risa floja que intenta contener el personaje principal.

Las referencias a Taxi Driver y a El rey de la comedia (el personaje de Robert De Niro podría ser perfectamente un Rupert Pupkin que ha triunfado como cómico) son bastante claras, aunque la historia toma lo que necesita de ellas en cuanto a la ambientación, situaciones o personajes para perseguir su propio viaje. La atmósfera de las películas de Scorsese de los 70 y 80 es perfectamente identificable.

La dirección de Todd Phillips es maravillosa. Utiliza tantos medios cinematográficos y juega con los colores para ambientar los sets, decorados y localizaciones que cada escena es como un cuadro que hay que mirar atentamente para extraer todos sus matices. Ayuda de manera crucial a que Joaquin Phoenix y el Joker brillen en pantalla. Hay escenas tan perturbadoras que parece estar presenciando una película de terror, con encuadres que podrían estar sacados directamente de El resplandor de Kubrick. Porque, sin duda, Joker puede ser calificada en muchas ocasiones como terror.

Si a todos estos ingredientes le unimos una fotografía cuidadísima, muy de los thrillers de los 70, y una música que encumbra los momentos violentos e incómodos tanto que se llega a poner la piel de gallina, tenemos una película redonda que te deja pegado a la butaca.

¿Y para los fans de los cómics?, pues creemos que saldrán muy contentos con el trato que se le ha dado al personaje del Joker, tanto en su visión personal como en sus orígenes. Porque el guión no solo es bueno contando la trama de la enfermedades mentales, la locura o los problemas sociales… también logra darle al Joker una historia propia que poder seguir alternativamente a lo demás. Tiene giros inesperados, personajes y escenas emblemáticas, y una ambigüedad latente alrededor del Joker.

Es hora de maquillarse, ponerse el mejor traje de colores que tengamos en el armario, nuestra peluca de payaso y salir a las calles a celebrar la llegada de uno de los personajes que marcarán un nuevo modo de ver cine. Joker te va a hacer “feliz”.

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