Crítica de ‘Spider-Man: Lejos de Casa’: quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas

Peter Parker (Tom Holland) decide dejar sus heroicidades a un lado durante unas pocas semanas, y sale de viaje por Europa con sus amigos Ned (Jacob Batalon), MJ (Zendaya) y el resto de compañeros de instituto. Pero las vacaciones de verano darán un giro inesperado cuando aparezca Nick Furia (Samuel L. Jackson), que tiene trabajo para Peter. Varias criaturas elementales, seres hechos de arena, piedra, agua y fuego, están creando el caos y la destrucción en todo el continente. El joven Hombre Araña deberá desentrañar el misterio de estos ataques. Solo y con sus amigos en apuros, además de con la nueva aparición de Mysterio (Jake Gyllenhaal), Peter tendrá que decidirse a dar la cara. 

Esta esperada secuela del héroe arácnido está basada en los comics de Marvel creados por Steve Ditko y Stan Lee, está dirigida por Jon Watts (Coche policial) y vuelve a contar con guión de Chris McKenna y Erik Sommers.

¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas? En Lejos de Casa nos encontramos ante una secuela muy superior en todos los aspectos posibles a su predecesora. Como todos bien sabemos, tiene lugar en Europa debido a un viaje que nuestro protagonista hace con el resto de sus compañeros de clase.

Por supuesto, toda la película tiene su base en los actos acontecidos en Endgame y nuestro protagonista arácnido sigue dolido y destrozado por lo que le ha pasado a su gran compañero. Desde el minuto 1 podemos ver que el ambiente y la forma de ver este largometraje será muy distinto del de su predecesora. En nuestra opinión, Homecoming se excedía demasiado del aspecto adolescente, no solo por su protagonista sino porque la película se parecía más bien a ese tipo de largometrajes que nadie quiere ver porque parecen desde lo lejos demasiado infantiles.

Pero aquí todo cambia: no sabemos si es porque estamos creciendo con este gran Peter Parker o porque los hechos acontecidos en Endgame han hecho que el guión madure y coja un tono más característico y con calidad de lo que estábamos acostumbrados.

Es obvio que la película sigue con ese tono característico adolescente pero en menor medida y con una calidad infimamente superior tanto en guión, como en villanos, como en actuaciones.

Peter Parker lucha consigo mismo por intentar ser un chico normal al menos durante unos días y esa lucha interna es la que nos hace ver su evolución tanto personalmente como en su vida heroica por lo que nos permite disfrutar más aún de un personaje bien construido que nos está mostrando sus avances. Mientras tanto, un mejor guión se abre paso dejándonos una trama bastante lineal, con giros de guión muy interesantes y sin agujeros de guión que nos saquen totalmente de la trama. La acción se entremezcla con tonos de comedia y la incesante pregunta de: ¿por qué no puedo ser un chico normal al menos durante unos días?

Este largometraje supone el cierre de la fase 3 del MCU y más que ‘cerrarlo’ abre puertas a un nuevo universo y un nuevo comienzo que nos transmite la impresión de querer alejarse de las historias que nos han ido acompañando durante muchísimos años.

El joven reparto es uno de sus plus. El villano o villanos consiguen ser realmente lo que queremos ver: un villano. En la pasada película la maldad se quedaba a medias y parecía más una película de domingo por la tarde que de una historia de Marvel. Por fin, esto era precisamente lo que necesitábamos.

Es divertida, entretenida y con la acción que todos queríamos sin dejar atrás el desarrollo de los personajes.

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