BCN Film Fest (Día 6): monarquías y abogacías

Cerramos la crónica diaria del BCN Film Fest con dos dramas diametralmente opuestos entre sí.

Hoy es el último día del BCN Film Fest, un festival que ha sabido aportar propuestas cinematográficas muy variadas y para todos los gustos. Siendo “Mary Shelley” la ganadora principal del palmarés de este año y “Mi querida cofradía” la que se ha hecho con el premio del público, ahora toca hablar de la que ha conseguido conquistar a la crítica y la cinta que se encargará de clausurar el festival.

“Cambio de reinas”

Marc Dugain escribe y dirige este drama histórico basado en la novela de Chantal Thomas cuya mayor virtud es la de conseguir trasladas con verosimilitud las costumbres  y cuestionables decisiones de la monarquía del siglo XVIII.

Año 1721. Felipe de Orleans (Lambert Wilson), regente de Francia, trama una ingeniosa idea; Luis XV (Igor van Dessel), de 11 años, es el futuro rey de Francia. Intercambiando las princesas con España, ayudaría a consolidar la paz, tras años de guerra que han dejado a los dos países debilitados.

Partiendo de una premisa muy peculiar a la par que excéntrica, “Cambio de reinas” se convierte en una interesante reflexión sobre el papel de la mujer en la aristocracia. Utilizadas como moneda de cambio, veremos cómo cada una de las princesas intenta adaptarse de mejor o peor manera al vuelco que han dado sus vidas. Louise Elisabeth (Anamaria Vartolomei), de apenas 13 años, se presenta como una princesa rebelde que muestra poco interés en adaptarse y conocer al Príncipe de Asturias, de quien debe embarazarse lo antes posible para perpetuar el linaje monárquico. Por otro lado tenemos a Maria Victoria (Juliane Lepoureau), quien con apenas 4 años se convierte en la pareja de Luis XV. Siendo todavía una niña, Maria Victoria ve el cambio de situación con agrado, pensando que será correspondida por su nuevo esposo.

Ambas actrices protagonistas dan una interpretación natural y coherente, a diferencia de algún miembro del reparto que se muestra desubicado en comparación con los demás. Thomas Mustin interpreta su papel de Conde Duque de Luis XV con demasiada excentricidad al convertirse en el alivio cómico de la cinta, llegando a desentonar en prácticamente todas las secuencias en las que aparece.

El exquisito diseño de vestuario y la elegante fotografía se encargan de ofrecer una experiencia visual que fácilmente recordará a las obras pictóricas de la época. En definitiva, un título notable y muy interesante que, por desgracia, pierde algo de fuelle con el paso de los minutos por culpa de una estructura episódica que impide que la trama fluya.

“Roman J. Israel Esq.”

El experimentado guionista Dan Gilroy repite por segunda vez como director con este drama judicial protagonizado por el inmenso Denzel Washington.

Roman J. Israel (Denzel Washington) es un abogado defensor idealista y con vocación, cuya vida cambia drásticamente cuando su mentor, un icono de los derechos civiles, muere. Cuando es contratado por una empresa dirigida por uno de los antiguos estudiantes del legendario hombre, el ambicioso abogado Geoge Pierce (Colin Farrel), y comienza una amistad con una joven luchadora por la igualdad de derechos (Carmen Ejogo) una turbulenta serie de eventos desafían el activismo que siempre ha definido la carrera de Roman.

A pesar de que “Roman J. Israel Esq.” consta de los elementos ideales para convertirse en una cinta intensa y emotiva, nada más lejos de la realidad. El realizador de la perturbadora y fascinante “Nightcrawler” (2014) repite aquí algunos de los esquemas que le funcionaron hace cuatro años. La historia se centra en la figura de un personaje bastante particular como es Roman y su progresivo descenso a los infiernos. La sobresaliente labor de Denzel Washington como protagonista absoluto de la cinta no basta para enganchar al espectador durante sus primeros cuarenta minutos, ya que el resto de personajes que complementan la historia no consiguen estar a la altura.

Gilroy invierte mucho tiempo en que el espectador entienda perfectamente las motivaciones de Roman para que éste tome las decisiones que determinarán su vida, pero llegan a resultar algo redundantes y un tanto dispersas. Por otro lado, cuando el conflicto se presenta ante nosotros la trama consigue coger la carrerilla suficiente como para que nuestro interés levante el vuelo.

Roman J. Israel Esq.” se convierte en una película que podría haber sido mucho más a pesar del abanico de posibilidades que ofrece. Tocará esperar un tiempo a ver si su director consigue recuperarse de este leve tropiezo.

Y esto ha sido todo por este año en el BCN Film Fest, espero que mis crónicas os hayan servido para acercaros a la cartelera cuando algunos de esos títulos llegue a nuestras pantallas.

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